RECUERDOS CINÉFILOS DESDE MI INFANCIA A LA MADUREZ (I)
Alrededor de este blog ya se han cruzado casi 3000 películas, pero hoy, aprovechando los días largos, calurosos y nostálgicos del mes de agosto, quiero hacer un viaje al kilómetro. cero.
No voy a hacer reseñas académicas aburridas; solo pretendo abriros mi diario de recuerdos para explicaros cómo el cine (y la televisión) moldearon la persona y contadora de historias que soy hoy.
MI INFANCIA: El Technicolor llega a Ribes de Freser y mi refugio televisivo.
Mi idilio con el cine empezó cuando tenía apenas siete u ocho años en un pueblecito llamado Ribes. Allí, en un corral reconvertido en sala cinematográfica, descubrí Alí Babá y los 40 ladrones (1944). Imaginad a una niña con una mente muy fantasiosa y sensible viendo a la exuberante María Montez, la reina del Technicolor. Aquello me encendió la chispa que nunca más se apagó.
Pero los veranos de mi infancia no eran solo cine; también eran tardes delante del televisor familiar, devorando clásicos como Sissi y Mujercitas (las reponían una y otra vez). Mientras otras niñas quizás veían una bonita historia de época, yo me quedaba magnetizada con Jo March (el papel de June Allyson). Me identificaba con su rebeldía, su creatividad, y su obsesión por devorar libros y llegar a ser una gran literata...
Esa pulsión me caló hondo. Tanto que, muchos años más tarde, me empujó a estudiar Periodismo. Después la vida da muchas vueltas: metí la pata, cometí errores y el camino tomó otros derroteros...pero lo que jamás logré dejar de hacer fue escribir. Este blog es la prueba de que esa niña que quería ser Jo March se salió con la suya.
PREADOLESCENCIA: El doble impacto de los 11 años (de Lloret de Mar a Rydell)
A los 11 años, a punto de empezar 6º curso de EGB, los veranos de agosto olían a costa brava, a música pop y a las primeras libertades. De una tarde calurosa en Lloret de Mar guardo un recuerdo espantoso: terminé en un cine viendo Montaña Rusa (1977), en donde aparecía un ya envejecido Henry Fonda y un terrorista que ponía bombas en los parques de atracciones. La película me pareció horripilante y me dejó "un mal cuerpo". Pero esa etapa también sirve para eso: para aprender que en cine, como la vida, a veces te hace sufrir.
Por suerte, ese mismo septiembre de 1978 compensé el mal trago con el mayor fenómeno juvenil de nuestra generación: Grease. Vivir aquel boom de John Travolta y Olivia Newton-John con apenas once añitos, justo a la puertas de la preadolescencia, fue una auténtica revolución. Aquellas canciones, las chupas de cuero, y ese romance que empezaba en la playa y se resistía a morir al empezar las clases...Se convirtió en en el emblema estival definitivo de mi paso a la juventud.
Y ahora os toca a vosotros . Para abrir el debate de este mes del blog, decidme; ¿recordáis vuestros sueños infantiles plasmados en alguna película o pantalla de cine? Os leo en los comentarios y no os juzgo.


Comentarios
Publicar un comentario
Puedes dejar tu comentario aquí