Mujer catalana precaria busca...

Hoy hace un mes que por necesidades de índole económica, decidí alquilar una habitación, y así compartir el pago de los gastos con otra persona-que son muchos y no puedo sufragar-. A los diez minutos de haber colgado el anuncio en una página web especializada en estos menesteres, me llamó una posible persona interesada, que vino, vio la habitación y venció mi opción. El problema empezó cuando esta desconocida abrió la boca: solo hablaba inglés. Esto y mi bajo nivel del idioma extranjero, llevó a una confusión desde el inicio que ha acabado en la marcha forzada de esta inquilina indeseable. 

Mientras yo entendía que le gustaba mi apartamento y que sí que quería alquilar la habitación, ella estaba diciendo que le parecía bien, pero desmontándola toda de arriba a abajo -que es lo que hizo sin consultarme antes-, y tampoco precisó si vendría desde el día siguiente, como a mi me pareció entender, o desde quince días después de su impulsivo interés en alquilarla. Uno de los motivos del fracaso de esta experiencia fue la falta de respeto que tuvo esta jovencita, hacia la persona que estaba alquilando una parte de su espacio, de su vida -vamos, yo misma-; una incomunicación con la persona que corrió en dejar la habitación impoluta, vacía, y preparada ese mismo día, creyendo que esa inquilina se instalaría al día siguiente, con todas sus maletas, pagaría todo el mes, y así empezaría la estancia compartida. 

Pero no, no fue así. Estuve llamándola cada día, porque ni apareció la jornada siguiente, ni al otro, ni al otro..., ni se dignó a excusarse. Cuatro días más tarde de su primera visita, y después de mis múltiples mensajes de Telegram, se vio obligada a venir con una pequeña bolsa con cuatro tonterías, dejarla en la habitación que había habilitado para ella, y supongo que lo hizo para que yo no le dijese, ya he encontrado a alguien formal. Me explicó un drama, y yo caí en la trampa de la pena, y acepté por decir algo, que no me pagase el mes entero. Otro mal paso que se sumó a su falta de comunicación y su mal proceder.  Su supuesto "boyfriend" se metió en medio, y como era el que tenía que traer cuatro enormes maletas a mi casa -y este posesivo e inmaduro ligue lo que pretendía es que ella se metiese en su cama, y no saliese de allí,  ni quería que lo dejase solo para ir a compartir con independencia su vida con una desconocida-, no las trajo hasta el día quince días después. 

Total: lo que mal comienza, mal acaba; porque a mi desconcierto y la inseguridad de no saber cuándo se dignaría a aparecer, y sus mentiras diversas, y el tercero en discordia receloso y metiendo bulla, se añadió que era una chica un poco sucia, que no limpió ningún día la habitación, que el polvo lo estaba yo tragando durante quince días, y encima, me mintió diciendo que claro que lo había sacado, cuando yo sabía perfectamente, que el montón de pelo de polvo estaba en un rincón de esa habitación, con unos plásticos encima, desde el primer día que hizo todo el desmontaje de los muebles, me sacó todas las maderas, a la terraza, después no puso plásticos, se mojaron, vamos, un desastre detrás de otro. Ha pasado un mes desde el anuncio, y su venida a casa, y de todo este desatino de experiencia, y por un "quítame ahí esas pajas" ayer se montó una noche de drama shakesperiano, que ni el mejor director teatral podría imaginar: gritos, llantos, textos en inglés, mujeres en ataque de nervios, mujeres traumatizadas sacando sus traumas, espasmofilias, bolos histéricos, dimes y diretes, más llantos, después abrazos, palabras de aliento, secretos íntimos compartidos. Si nos hubiese visto un cazatalentos, acabábamos actuando en el Royal Albert Hall o nos daban el premio Max a mejor actriz y actriz de reparto teatral dramático. Pero, si nos hubiese visto un psicoanalista, se hubiese frotado las manos, porque tenía carne de cañón para rato. Y por fin, después de la catarsis, esta noche ya estoy nuevamente sola, pero en calma, y la ex inquilina se ha ido, con un cargamento de trailer, y supongo que allá estará con el verdadero "embrollador", of course. La verdad, a mi lo que me interesa es que aquí paz y después gloria. Ah, y eso sí, no alquilo nunca más ni habitación ni tranquilidad interior. Un consejo: antes de alquilar, debéis someter al inquilino/a a unas pruebas: el detector de mentiras, una visita al psicólogo, y una buena clase de higiene y relaciones interpersonales. 

De todo se puede sacar punta, y aquí os dejo unas películas que he visto, y que se relacionan con la difícil situación de encontrar la persona idónea para compartir tu casa. Puedes tener suerte, o vivir con un auténtico/a psicópata. 

MUJER BLANCA SOLTERA BUSCA (1992)

Allie Jones (Bridget Fonda, sobrina de Jane e hija del fallecido Peter de la saga Fonda) lo tiene todo, un apuesto novio, un apartamento de renta controlada y una prometedora carrera como diseñadora de moda. Cuando su novio le es infiel, Allie le echa de casa y se pone a buscar un compañero de piso. Finalmente la candidata elegida será Hedra Carlson (Jennifer Jason Leigh) una joven tímida y desaliñada, pero con la que Allie convive sin problema. A medida que pasa el tiempo, la dulzura de la nueva inquilina se convierte en terror.

UNA CASA DE LOCOS (2002)

Estudiantes de Erasmus de diversas nacionalidades, compartiendo piso, y poniendo por encima diversión que aprendizaje universitario en Una casa de locos. Xavier, el protagonista, es un universitario francés que busca su piso compartido ideal, y se encuentra envuelto de gente dispar, una torre de Babel de lenguas, y también, el amor que se acaba cuando finalizan los estudios.

LA EXTRAÑA PAREJA (1968)

Cuando un recién divorciado, Óscar (un divertido y gran papel de Jack Lemmon) se va a compartir piso a casa de su amigo Félix (Walter Matthau), al principio es genial, ya que Oscar es buen cocinero y esto a su amigo le parece muy conveniente. El problema es que Oscar es obsesivo con la limpieza y a partir de aquí empiezan los hilarantes problemas, que llevarán a decidir que Oscar se vaya de la casa. Compartir piso cuando te has acostumbrado a una vida con tus propias manías, es difícil cambiarla, para convivir con alguien más, por más amigo que sea. 






DE REPENTE, UN EXTRAÑO (1990)

Drake y Patty son una joven pareja que compra la casa de sus sueños en San Francisco. Para hacer frente al pago de la hipoteca, deciden alquilar el primer piso de su casa, dividido en dos apartamentos. Los inquilinos serán, en uno, un encantador matrimonio, y en el otro, Carter Hayes (Michael Keaton), un hombre educado y de buenos modales. Lo que empieza siendo un sueño acaba convirtiéndose en una pesadilla cuando Carter se niega a pagar el alquiler e incluso se atrinchera en el piso, amparándose en unas leyes siempre a favor del alquilado.

NOTTING HILL (1999)

Aunque su argumento es del género comedia romántica, tenemos a un Hugh Grant compartiendo su casa con un excéntrico Spike (papel que protagoniza Rhys Ifans), que es el polo opuesto de su elegante y apuesto amigo, en un barrio pijo de Notting Hill. El personaje de Spike es un auténtico friki, ridiculizando a todos esos nuevos ricos, con sus cutres camisetas con mensajes atrevidos, y sus apariciones con gafas y ancas de buzo en los momentos en que menos debería mostrarse tan patético. Su amigo, Hugh Grant ya no le hace ni caso, pues conoce sus neuras. 

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