RECUERDOS CINÉFILOS DESDE MI INFANCIA A LA MADUREZ (III)
Si en las entregas anteriores pudimos trazar una línea cronológica más o menos exacta desde los veranos de mi infancia en Ribes de Freser hasta las hormonas desatadas, el esplai y la juventud de los 80, al adentrarme en la madurez la cosa cambia por completo. Pretender hacer el mismo ejercicio de búsqueda a partir de los años 90 es, sencillamente, una misión imposible.
Y es imposible por una razón puramente matemática y sociológica: estamos hablando de más de 1800 películas (o me quedo corta)registradas en mi memoria (y en el blog)desde 1989 hasta la actualidad. Con la llegada de los 90 y el cambio de siglo, la forma de consumir cine se transformó radicalmente para todos. En esta etapa de mi vida, ya resulta inviable precisar si aquella película que se estrenó en la cartelera de un mes de julio o agosto la terminé viendo en el mismo mes, o en el otoño, o en los inicios del año siguiente.
Sin embargo, mi memoria guarda un precioso rincón de resistencia en la gran pantalla durante los primeros estíos de esa transición. Había una debilidad cinéfila que me hacía ir a las salas en época de vacaciones: mi adorada Meg Ryan. Viví tres de sus grandes booms en pleno verano con los estrenos de la mítica Cuando Harry encontró a Sally (1989), la aventura de Joe contra el volcán (1990) y los enredos de French Kiss (a finales de agosto de 1995).
Pero los veranos de los noventa no solo se alimentaban de comedias; también eran la época perfecta para refugiarse en aquellas salas de cine de Barcelona, hoy lamentablemente desaparecidas, a devorar buenas dosis de suspense. Tardes de intriga estival en la gran pantalla con títulos como Fargo de los Coen (1996), Poder absoluto de Clint Eastwood (1997), el neo noir Al caer el sol (1988) o la ciencia ficción de Desafío total (1990), que me divirtió mucho.
Videoclubs, Club RENOIR,Internet y plataformas digitales de filmografía
Las salas de cine dejaron de tener el monopolio absoluto del verano y entraron en juego nuevos formatos domésticos. Fue la gran época dorada de los videoclubs de barrio, donde aquellas tardes calurosas de los noventa se cumplimentaban alquilando cintas de VHS para disfrutarlas en casa. La lista de lo que pudimos ver en cinta magnética para cerrar el S XX es amplísima. Pasábamos del romance de Notting Hill (1999) a intrigas criminales como Conflicto de intereses (1998), o la magistral Ejecución inminente, dirigida por Clint Eastwood en 1999. Fue también a través del VHS como me acerqué por primera vez al cine argentino y al gran Ricardo Darín con El mismo amor, la misma lluvia (1999) o el thriller Nueve reinas (2000).
Al cruzar la frontera del nuevo milenio, las pantallas se detuvieron. A partir del año 2000, debido a unos acontecimientos que cambiaron drásticamente mi vida personal, hice un standby forzoso en mis actividades de ocio, no hubo cine de verano, y me centré por completo en buscar trabajo y en encontrar vías para subsistir económicamente. Seguí alquilando cintas de vídeo, y no me perdí El diario de Bridget Jones, Shreck, Lucia y el sexo, El planeta de los simios (2001), Los otros, entre otras.
Hacia mitad del año 2001, las aguas se calmaron. Empecé a vivir una etapa diferente, responsabilizándome de mi perro y de mi misma, en un proceso donde me tocó tirar adelante totalmente independiente. Durante este tiempo de transición, y años siguientes, el cine regresó, y también fui a las salas en verano. Recuerdo con cariño Deliciosa Martha (2002), Spider-Man con Tobey Maguire(para mi, la mejor de la saga), Ultima llamada (2003), o Piratas del Caribe (1). Y por supuesto, no dejaba de ver los ciclos cinéfilos de televisión, de directores, actores y actrices clásicos, en la segunda cadena de Radio Televisión española.
Doy un salto necesario en el calendario hasta el año 2004. Con una estabilidad económica y personal ya recuperada, tomé la decisión de hacerme socia del Club Renoir Floridablanca, situado en el barrio de Sant Antoni de Barcelona. Aquel carné se convirtió en mi pasaporte oficial al retorno a las salas y en el símbolo de volver a conectar socialmente, y dejar atrás el vacío de la soledad absoluta que te paraliza. Podría decir, sin temor a equivocarme, que en aquella época mi perro, el trabajo, y el cine fueron mis verdaderos aliados; el motor que me ayudó a ponerme en pie y a recuperar las riendas de mi vida.
Guardo un recuerdo imborrable y casi irónico de mi estreno como socia. La primera película que vi con mi nuevo carnet, precisamente en pleno mes de julio fue la italiana El último beso. lo mejor de todo es que fui yo misma quien escogió la película sin saber la que me esperaba, ya que la historia trataba precisamente de profundos conflictos sentimentales. Paradojas de la vida.
Aquel mismo verano decidí subir al castillo de Montjuïc para experimentar su mítica muestra d Cinema a la fresca en pleno mes de agosto, donde descubrí la fuerza del filme Contra la pared (2004) de Fatih Akin.
Volviendo al Club Renoir, de aquellos veranos de finales de los 2000 y principios de los 2010, recuerdo paladear títulos como la oscarizada Los falsificadores (2007), la intimista Lo mejor de mí (2007), el afilado ingenio argentino de Un novio para mi mujer(2008), o la extraña película de Coixet Mapa de los sonidos de Tokio (2009).
En paralelo, el escenario doméstico también se transformó; apareció un método para poder ver películas en internet, descargándolas a través de aplicaciones como eMule, Bittorrent, y otras. Gracias a las nuevas tecnologías, las tardes y noches de sábado se convirtieron en un maratón casero de cine de todos las épocas, géneros y nacionalidades. Sin saberlo, en esas largas sesiones estaba empezando a sembrar el embrión de lo que vendría en el año 2008: la creación de una base de datos ingente donde comencé a recopilar y registrar de forma rigurosa, y documentada, todas las películas que recordaba haber visto en toda mi vida, dando origen a posteriori a este blog que ya cuenta con 18 años de historia.
Gracias a las plataformas digitales de cine (Netflix, Filmin, Disney, Movistar, HBO, etc) y al inmenso universo de internet, he podido continuar alimentando mi pasión cinéfila desde mi propia sala de estar, decorada con fotogramas de grandes clásicos en Blanco y Negro. En estas últimas décadas hasta la fecha presente, he devorado más películas que en cualquier otra época de mi vida. Las pantallas de mi hogar siguen más encendidas que nunca, y espero que para muchos años más.
Y vosotros, ¿Cómo ha evolucionado vuestra forma de ver cine en la madurez? Os leo en los comentarios.



Comentarios
Publicar un comentario
Puedes dejar tu comentario aquí