Los musicales de la era moderna del cine

Lo prometido es deuda, y ya comenté hace un tiempo que dedicaría una entrada a los nuevos musicales estrenados a partir de 1970. Ya había desarrollado las películas musicales que he visto de la época dorada de finales de los 40 hasta 1969, en la entrada que podéis volver a revisar: Las mejores películas musicales de la época dorada del cine.

Atrás quedaba un tipo de cine musical, donde lo más destacado eran las grandes coreografías, los ampulosos escenarios -ya fueran de cartón piedra o rodados en exteriores-, las bandas sonoras compuestas expresamente para la película, y que acompañaban a los bailarines, y ponían melodía y color a los guiones. Obras en que cada escena estaba escrita para ser contada con canciones, bailes, o las dos cosas al unísono. Grandes musicales, como Un americano en París, Cantando bajo la lluvia, o Gigi, Sonrisas y Lágrimas, y West Side Story, son ejemplos de musicales míticos de esa época dorada de inicio del Technicolor, de la magnificencia del sonido en la gran pantalla.
En los años 70 empieza la era moderna del cine y hay un declive del musical, porque la gente también había cambiado su forma de ver el mundo, sin tanta cursilería y con rebeldía. Los tiempos estaban cambiando hacia una transgresión de las normas estrictas en todos los ámbitos sociales. El género musical se conocerá como "filmes con canciones", en los cuales destacaban las historias realistas de los personajes por encima de la parte musical. Vamos a hablar de las películas que he visto en estos años: 

Un ejemplo fue FIEBRE DEL SÁBADO NOCHE (1977), dónde el protagonista era un joven  italo-americano, Tony Manero, que representaba las clases bajas trabajadoras de la época -muchos jóvenes se sintieron identificados-, con sus problemas familiares, amigos, líos amorosos, y que tenía un sueño: ser la estrella del baile en las pistas de las discotecas, para desconectar de la vida rutinaria y conflictiva en la que estaba inmerso. El director, Robert Stigwood encargó la banda sonora a los mundialmente conocidos Bee Gees, y atrás quedaron el claqué, el vals, y la danza clásica: John Travolta nos enseñó una nueva forma de bailar la música Disco. Fiebre del Sábado Noche fue todo un fenómeno sociocultural que sobrepasaba el género musical como lo habíamos conocido en los años 40 y 50.

Otra película icono de los años 70 sobre adolescentes, rebeldes, idealistas, bandas juveniles, filosofía de vida marcada por unos años de revolución sexual, fue GREASE (1978); dirigida por Randal Kleiser, estaba basada en un musical homónimo de 1972, ambientado en los años 50, un libreto para Broadway.

Volvió a contar con la presencia de John Travolta en el papel de Danny Zuko, y con una cantante de pop australiana-británica, que triunfaba en Estados Unidos en ese momento, Olivia Newton-John, que interpretó a la estudiante inocente soñadora, Sandy Olsson en el filme.

Las escenas se sucedían con canciones que narraban los acontecimientos, o algunas coreografías de baile rock y pop. También había las baladas cantadas individualmente por  los actores, destacando la gran voz de Olivia Newton-John, que la encumbraron como actriz de musicales, aunque sus trabajos posteriores, como Xanadú (1980) -a pesar de la aparición estelar del maestro Gene Kelly-, fueron un fracaso de taquilla, lo que hizo que se dedicara en cuerpo y alma a la canción, dejando atrás su trayectoria cinematográfica.

Aunque el musical cayó en decadencia, hubo un director que mantuvo vivo el género: Bob Fosse. Fosse representa la nueva concepción del musical a través del montaje y la puesta de cámara, como se advierte en su obra de 1972, CABARET, convertida hoy en un clásico.
Fue protagonizada por Liza Minnelli, Michael York y Joel Grey. El filme aborda temas sociales controvertidos en los años 30 como el auge del nazismo, la homofobia, el tabú del aborto, entre otros). Deja atrás los devaneos ñoños y el romanticismo de los musicales clásicos. Como he comentado, Fosse fija la cámara en escenas musicales en un solo escenario: el cabaret Kit Kat Club, donde Sally -papel de Lizza- y un maestro de ceremonias (Joel Grey) cantan y presentan sus números de vodevil. 

El argumento es muy verosímil, y se distancia de esos momentos musicales, que son parte del trabajo que le da de comer al personaje de Sally. La ruptura con el plano secuencia, en pos de una cuidada planificación de planos cortos, a veces detalles, que el montaje sincroniza con la música, crea una puntuación mucho más rítmica y una participación diferente por parte del espectador. Cabaret ganó el Oscar a mejor actriz (Minnelli), director y actor de reparto (Grey), entre otros. 

En 1979, Bob Fosse crea y dirige un musical con reminiscencias autobiográficas, ALL THAT JAZZ, donde se mezcla el argumento en tiempo real, con recuerdos oníricos de un director teatral al borde de la muerte. Hay jazz, rock, claqué, y una fotografía excepcional. El baile final es imperdible.


En los 80 se hicieron algunas películas musicales de baja calidad, como DIRTY DANCING, en 1987, dirigida por Emile Ardolino, donde lo que resultaba atractivo era el rollo sentimentaloide entre el malogrado Patrick Swayze y una desconocida "actriz" Jennifer Grey -una postulante poco dotada para la interpretación, con enchufe por parte de su progenitor, el oscarizado Joel Grey de Cabaret-. 
Los protagonistas, Baby y Johnny se conocen en un campamento familiar de verano -argumento similar al de Sandy y Danny de Grease-. Ella es la hija pequeña de una familia de clase alta norteamericana. Él es un trabajador que da clases de baile para los burgueses del resort. Johnny quiere triunfar a lo grande y Baby es una patosa, que pasa desapercibida menos para el bailarín, un Patrick Swayze exuberante. Fue un éxito de taquilla, ganó el Oscar a la mejor canción, la Banda sonora se ha convertido en icono de la cultura pop, pero no tiene nada que ver con el género musical que había triunfado en los años 50 y principios de los 60.

Otro caso es el del director Alan Parker que volvió a intentar el resurgimiento del musical con su obra FAMA (1980), una película que trata de músicos y bailarines que estudian en una escuela profesional de Nueva York con el objetivo de obtener el éxito.

Lo más destacado son las actuaciones de los propios actores y actrices, que a su vez, son profesionales del ramo (Irene Cara, Lee Curreri o Gene Anthony Rai). En cambio, a pesar de sus exitosos números coreografiados, el guión es flojo, repetitivo, no tiene ningún interés, y a veces, el argumento es un batiburrillo coral.

Logró el hecho sin precedentes en la historia de los Premios de la Academia que dos canciones de una misma cantante y una misma película fueran nominadas en la misma edición para el Oscar a la Mejor Canción Original. Las nominaciones fueron para Out here on my own y Fame, ambas interpretadas por Irene Cara. Esta última, además, se llevó el galardón.

Mención especial para una película que está considerada uno de los últimos musicales de Blake Edwards, y que subieron el listón del género en estos años de sequía de buenos filmes musicales. Edwards dirige en 1982 a la famosa estrella -que ya había triunfado con su papel de Mary Poppins y con el de María, en Sonrisas y Lágrimas-, Julie Andrews, que también era su esposa en la vida real, en ¿VÍCTOR o VICTORIA?, una divertida comedia musical que contó con uno de los mejores trabajos del compositor Henry Mancini. 

Una cantante de cabaret llamada Victoria (papel de Julie Andrews), que no encuentra trabajo se trasviste por consejo de un amigo suyo homosexual (papel que realizó Robert Preston) y se convierte en Víctor, con lo que se crea una serie de enredos de identidad sexual, con la comicidad tan sutil de los filmes dirigidos por Blake Edwards. Todo ello acompañado de los más exquisitos números musicales. Con ¿Víctor o Victoria?, el género musical tal como lo conocíamos, resurgió en gran medida. 

En el año 1983, cabe mencionar dos películas de carácter musical, FLASHDANCE y YENTL

Flashdance fue un éxito de taquilla debido a que la protagonista, interpretada por la actriz Jennifer Beals enamoró a la cámara y al público en general. Su papel era el de una operaria metalúrgica huérfana -algo bastante inusual- que se entrenaba después del trabajo, duramente, para poderse presentar a las pruebas de la Academia de baile. El hecho de ser una chica que trabajaba como soldadora, en un mundo tan masculinizado, y ser objeto del acoso machista, y salir del paso, le daba más puntos al filme. A todo ello, le sumamos la banda sonora pegadiza y las escenas de baile -en las que Beals estaba sustituida por diferentes dobles- en una época de calentadores y breakdance callejero.

Barbra Streisand se puso tras las cámaras para dirigir su propia película, en la cual también era la actriz principal, guionista, y todo lo demás. Yentl es un filme para lucimiento de la actriz, que le valió el Globo de Oro como directora, en unos años donde era muy extraño que una mujer consiguiera ser premiada por esa categoría. La banda sonora de Michel Legrand tiene algunas canciones lacrimógenas (Papa, can you hear me?), pero para mí es aburrida a matar.

Además, podría ser un plagio de Victor/Victoria, si tenemos en cuenta que la protagonista también se trasviste de hombre para poder conseguir entrar en una escuela judía, únicamente destinada al sexo masculino. Pura casualidad. En contraposición, fue nominada a los Razzies por la peor actuación del joven actor Mandy Patinkin y peor actriz de reparto, para Amy Irving. 

La factoría Disney triunfa con un cine animado con coreografías más cercanas a los musicales de antaño, como lo fue la obra maestra Fantasía de 1940. Los personajes cantan y bailan con una estética clásica, más propia del cine de los años 50. La Sirenita (1989) es un ejemplo de este tipo de animación, con una historia de trasfondo, con un guión para ser cantado y danzado. Bailan los cangrejos en el mar, las medusas hacen coro, la sirena canta, y bailan hasta los tritones con Neptuno.

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