Las aulas estudiantiles en el cine

10 mejores películas de Billy Wilder que hay que ver antes de morir

Según el libro de cine, 1001 Películas que hay que ver antes de morir, en su prefacio el autor J. Schneider y sus colaboradores nos dicen en resumidas cuentas: "La vida es demasiado corta para tantas películas". Por eso Schneider nos propuso en un tomo de gran peso 1001 buenas e inmortales películas -estudiaron listas diferentes y examinaron que títulos aparecían más frecuentemente- para ver, reseñadas por prestigiosos especialistas en la materia. 
Y de ahí parte la idea de esta entrada, la de seleccionar las diez películas realizadas y dirigidas por el gran Billy Wilder que he visto, sin obligaciones, y si creéis que uno de estos filmes no merece estar en esta lista, o falta alguno, ya sabéis: "Nadie es perfecto"

Un poco de historia del director

Wilder nació en Austria -antes de la Gran Guerra, Austrohungría- en 1906, y allí hizo sus primeras colaboraciones en el mundo del periodismo, como cronista en Viena. Después se fue a vivir a Berlín, donde combinó diferentes empleos con su pasión naciente: el cine. Debido a sus raíces judías, cuando Hitler subió al poder, emigró a Estados Unidos -desgraciadamente, su madre murió en Auschwitz-, y fue difícil para él al principio poder sobrevivir, y más siendo inmigrante. Tuvo la gran suerte de que Lubistch, que también era un director prestigioso de origen alemán y judío (y al que admiro enormemente por sus grandes filmes) vio talento en Wilder, y le ofreció que trabajase para él como guionista. Y de esos primeros pasos a la cima como uno de los mejores directores del cine mundial.

PERDICIÓN/Double Indemnity (1944)

Puro cine negro, Wilder se leyó en un día Double Indemnity de James M. Cain, quien había escrito y publicado su novela por entregas en una revista (autor de la también maravillosa Alma en suplicio). Era la época que los filmes policíacos, los thrillers iban buscados en Hollywood como el oro. El director deja de lado su ironía y su pasión por los giros cómicos de guión, y se embranca en el misterio, y la oscuridad compleja de una historia que refleja la sociedad de la época. 
Imagen del blog, El mundo del cartel

El director no pudo realizar el guión de Perdición con Cain, pero encontró al perfecto coautor para su película, un escritor que por entonces era uno de los iconos de novela negra: Raymond Chandler. Junto a una Barbara Stanwyck que nunca había hecho un papel tan maquiavélico: el de la egoísta y fría Phyllis Dietrichson que encuentra a un perfecto cómplice en el repulsivo Walter Neff, papel que el director le ofreció con muchas dificultades a Fred MacMurray, para asesinar a su marido y así cobrar una indemnización. Pero cuando la ambición de la pareja se hace evidente, el amor se va por la ventana, y entra por la puerta las desconfianza y el miedo. Lo que hubiese unido a Phyllis y Walter los separa definitivamente, camino hacia un final trágico. A pesar de tener diez nominaciones a los Oscars, no obtuvo ninguno, pero para mí es una de las mejores películas de Billy Wilder. 

TESTIGO DE CARGO/Witness for the prosecution (1958)
Marlene Dietrich y Charles Laughton, en Testigo de cargo

A veces confundo Testigo de cargo con un film de Alfred Hitchcock. Pero no, es una obra maestra creada por Wilder, aunque podría haber sido perfectamente creada por el maestro del suspense, al tratarse de una adaptación de un libro de relatos cortos de Agatha Christie. Pues el argumento se asemeja a las películas del primero por su carga de personajes que parecen lo que no son y en el enredo: un abogado cínico, entrañablemente interpretado por el actor británico Charles Laughton.

Este abogado se deja llevar por las circunstancias, convirtiéndose en marioneta del presunto acusado Leonard Vole, un Tyrone Power que parece un inocente enamorado, pero es un mentiroso muy sagaz. Y a su vez, Vole está manejado cual marioneta por los hilos del amor. El papel de su abnegada esposa lo representa la diva Marlene Dietrich, que engañada por el adúltero de Leonard, impartirá su propia justicia. 

Dietrich, a la pregunta de un periodista que le afirmó que la actriz había trabajado con grandes directores, ella contestó: "No, no, yo solo he trabajado para dos grandes directores, para Von Ternberg y para Billy Wilder".

En 2016, la BBC produjo una miniserie de dos capítulos con título homónimo.

DÍAS SIN HUELLA/The Lost Weekend (1945)

Don Birman (Ray Milland) es un escritor que no puede vencer su debilidad por el alcohol lo que le ha convertido en un hombre arruinado física, moral y económicamente, totalmente desprovisto de personalidad. Llega a vender su máquina de escribir para conseguir alcohol. Sucumbe a la adicción sin remedio.
Con tal de seguir bebiendo es capaz de todo, incluso de robar. Tanto su novia (Jane Wyman) como su hermano intentan por todos los medios regenerarlo, pero sus esfuerzos parecen estériles.
Wilder consigue que el tema del alcoholismo en el cine tenga una visión adulta y introspectiva, ya que hasta el momento al borracho se le veía como un personaje bufonesco, para el divertimento con sus tambaleos y palabrería absurda. Con esta historia, que le valió un Oscar a Milland como mejor actor, nos lleva hacia el drama, incluso a veces, se hace insoportable ver al desdichado Don Birman sin aras de dejar lo que le está destrozando la vida, y acabando en un hospital con delirium tremens. Gracias a Días sin huella, las películas sobre las adicciones en adelante se empezaron a tomar en serio. Wilder ganó el Oscar como mejor director, Oscar al mejor film y al guión adaptado.


Este año 2020 se han cumplido sesenta años desde que Wilder creó esta obra sublime, el Oscar a Mejor película de 1960, una de las mejores obras de la historia del cine. Y tuvo que esperar a que la censura bajase el ritmo, ya que nos contaba la historia de un "pagafantas" y trepa C. C. Baxter que así se ganaba a sus jefes, alquilándoles por horas su apartamento para sus affaires adúlteros (papel que hizo con gran acierto, un triste, neurótico y desgraciado, Jack Lemmon).
Wilder usa su siempre sentido del humor cínico, su ironía, para criticar la sociedad puritana y a la vez hipócrita de los Estados Unidos por lo que se refiere a las prácticas del sexo. Y la verdad que en sesenta años siguen siendo tan reprimidos a la par que depravados como en los años 60. Ese ser humillante, que es el que interpreta Lemmon cambiará su talante cuando se enamora de la amante de su jefe (rol del actor Fred MacMurray que trabajó a las órdenes de Wilder en Perdición), despechada cuando vuelve la esposa a casa, después del período estival -al igual que La tentación vive arriba, con Marilyn Monroe-. Shirley McLaine es la desdichada amante que se ve abandonada, y que encandila al pardillo Lemmon, con un discurso contrario al amor consumista. A pesar que pueda parecer una comedia satírica, tiene un trasfondo dramático y crítico perfectamente narrado en su argumento.

CON FALDAS Y A LO LOCO/Some Like it Hot (1959)

En la entrada en la cual hablé de Marilyn Monroe, ya hice una reseña a modo de crítica de esta película que es casi el icono más representativo del director. Para el American Film Institute es "la mejor comedia delcine de todos los tiempos". Como nos explican los expertos, Wilder escribió esta comedia de enredos y transvestidos, basándose en una obra alemana Fanfaren der Liebe (1951), en la que unos músicos sin empleo se unen a una orquesta de señoritas, viajan con ellas, y tienen sus amoríos transformadas en mujeres con la cantante de la banda. No deja de tener el sello del director: ironía por los cuatro costados, velar un asesinato múltiple de la mafia, y convertirlo en una sátira, y muchos gags a ritmo de vértigo.
Pero lo imprescindible es Marilyn: la tentación rubia, la diosa del sexo de los años 50, su sensualidad. Sin ella, quizás no hubiese existido Some Like It Hot. Es una película rodada en B/N ya que Billy Wilder se negó a realizarla en Technicolor, sobretodo para que tanto Lemmon como Curtis no quedasen como unos fantoches bajo tantas capas de maquillaje. 

LA TENTACIÓN VIVE ARRIBA/The Seven year itch (1955)

Ni es una de las mejores del director ni tampoco es el papel más destacado de Marilyn. En cambio, cuando pensamos en ella, la asociamos con los papeles que hizo en las películas de Billy Wilder: la escena más típica de la historia de Hollywood, esa Marilyn sobre las ranuras de ventilación del metro de Nueva York, con su falda volando al aire, traviesa, sensual, divertida. El cuadro escénico más representativo de la actriz, que aparecía en esa índole en La tentación vive arriba, que ya se había estrenado en el teatro -y estuvo interpretada por el mismo actor que la había representado en Broadway, un desconocido Tom Ewell que era poco atractivo a diferencia de la actriz, que era una explosión entre la cursilería, la comedia y la melancolía, la tontita pero a la vez con un corazón inteligente. No es una película para volver a ver, pero la recordaremos siempre por un único plano: una diosa surgiendo de las entrañas de la tierra, con el aire, como Venus, pero en un sueño hecho cine. 


UNO, DOS, TRES (1961)

Se estrenó en una época que había un muro que separaba Alemania en dos partes: la Occidental, capitalista, y la Oriental, comunista. Y el americanito medio no entendió la sátira política que contenía esta obra maestra del gran dios del cine, llamado Wilder. Pero cuando cayó el muro, Uno, Dos, Tres se convirtió en un filme de culto. Escogió para el papel de un comercial de la Coca Cola que lo envían a desgana a vender el símbolo capitalista por excelencia en los años 60 al Berlín de las vacas gordas. Y tuvo la suerte en su elección: nada menos que el sesentón James Cagney, que en los años 40 había hecho de gángster, mafioso, asesino, maltratador, pero aquí está rebosante en un papel desaforado y cómico, y llevando el ritmo de la película. No deja de ser una comedia de enredos, y de quebraderos de cabeza para el protagonista, Cagney, que tiene que lidiar con unos alemanes que detesta, con la pija libertina de su hija que se enamora y se escapa con su amante a la parte Oriental, y con sus ganas de volver a su oficina en Londres. Chistes por doquier y un guiño a quien le dio la oportunidad de entrar en el mundo del cine, otro de los grandes directores: Lubitsch. Schneider no la incluye como una de las 1001 películas que hay que ver, pero en esta ocasión discrepo con él. Merece la pena reírse de la política.

SABRINA  (1954)

A pesar de que es una película sin grandes pretensiones, fue memorable para toda una generación, y consagró a Audrey Hepburn en mito. Se convirtió en musa de Givenchy, y en un icono con su estilo propio por lo que se refiere a la estética (peinado, maquillaje, vestuario, fisonomía, etc). 
Sabrina (Hepburn) es la hija del chófer de un multimillonario, por el que bebe los vientos. Pero el ricachón, un William Holden mujeriego y vago no está para niñerías, y se va detrás de cualquier falda que deja entrever muchos dólares. O sea que Sabrina, ignorada se va a estudiar a París, porque su padre ha podido ahorrar y quiere que tenga una buena educación. Un buen día, regresa sin trenzas, vestida de alta costura, hablando francés, y entra un tercer personaje: el hermano mayor de los Larrabee, un Humphrey Bogart serio, poco dado a los sentimentalismos, que tendrá que impedir lo que antes no se habría imaginado: que Holden se le caiga la baba por Sabrina. El resultado inexplicable: Bogart acabará yendo de luna de miel con su esposa Sabrina. Y a Paris, o là là! 

PRIMERA PLANA (1974)/The front page

El tándem Lemmon-Matthau cabalga junto de nuevo. Esa extraña pareja, es en esta gran sátira de Wilder, un periodista (Lemmon) a punto de contraer matrimonio y con prisas para cerrar la noticia de primera plana y marcharse, y su jefe (Matthau) que por celos, le tiene retenido hasta que no haya cubierto el gran acontecimiento y tenga la primicia encima de su mesa de redacción. Pero algo inesperado cambiará lo que era noticia, y le substituirá un hecho aún más notorio. Las noticias caducan rápidamente. Lo que iban a cubrir esos periodistas queda obsoleto, y otra noticia se convierte en el hecho del día. Burla del periodismo y de la morbosidad de la gente, aquí en tono sarcástico, a diferencia de Network que raya la crueldad. En la película aparece una jovencita Susan Sarandon. Encontraréis más información en la entrada La representación de los mass media en el cine.



Los últimos cartuchos de un cine de autor, el del gran director Billy Wilder, que desaparecería con la década de los 70 (su cierre cinematógrafico fue en 1981, con Aquí un amigo). Comedia de enredo pero sin el humor carismático de un Wilder en horas bajas. Es una película que a mi personalmente me causa tirria, y he intentado verla sin cortes y no puedo, pues es repetitiva, es exasperante, y es exagerada. Incluso Lemmon está sobrepasado por su propio personaje. La actriz, Juliet Mills tampoco me dice gran cosa, y el resto del elenco, actores italianos que hacen payasadas. El director quiso hacer una película de amor con adulterio, pero con la censura, queda algo suave, con una fotografía fantástica de playas y Mediterráneo, pero no acaba de cuajar por ese sentido de un argumento que está reprimido en su esencia. Un europeo haciendo una película europea y que el público norteamericano no podía entender por cerrazón allende los mares. 

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